Educando


"Educad a los niños. Educadlos en la tolerancia, en la solidaridad..."
Josefina Aldecoa

El castigo versus la disciplina

Castigo Infantil

Amar necesita disciplina, se debe disciplinar pero no castigar; el castigo dice al niño/a que se le rechaza por considerarlo malo o inadaptado.

La disciplina Infantil empieza desde que un/una niño/a tiene la capacidad de entender, es decir desde que nace.

El castigo le dice al hijo/a que se le rechaza por considerarlo/a malo/a o socialmente inadaptado. Pero la disciplina infantil le dice, que es amado por sus padres y que éstos hacen un esfuerzo por formarlo debidamente.

El castigo va contra el muchacho/a, mientras que la disciplina infantil va contra la acción.

El escarmiento es motivado por la venganza; la disciplina tiene como meta la corrección y la enseñanza. El castigo mayormente es fruto del coraje y la ira del momento; la disciplina infantil es fruto del amor.

Castigar a un infante es extremo y brutal; la disciplina es equilibrada y limitada. El castigo es injusto e inesperado. El amor  es justo y esperado. El maltrato es degradante y desmoralizador.

La disciplina infantil sustenta la dignidad y fortalece la autoestima. El castigo crea terror y provocas daños emocionales; la disciplina infantil conduce a un sano respeto por la autoridad. El castigo puede aplicarse arbitrariamente; la disciplina siempre se razona. 

"Vivimos en una época de extremismos. Con mucha frecuencia caemos en los extremos del castigo destructivo que marca para siempre al hijo/a, o nos vamos al extremo permisivo donde la criatura se cría sin ninguna regla y permitiéndole ser amo y señor de la casa.

Pero, sin duda alguna, existe el lugar intermedio donde hay balance y una crianza sana y robusta. Es en ese punto medio donde se encuentra el amor. “Tenemos que amar entrañable e incondicionalmente a nuestros/as hijos/as, pero igual debemos disciplinarlos, justo porque les amamos. Para amarlos debemos respetarlos, y no destruir su autoestima."

Por esto, es importantísimo que nosotros expresemos amor, dedicación y entrega incondicional a sus hijos/as. Pero, para esto, es imprescindible que podamos amarnos a sí mismos y dedicarnos tiempo.

Según el especialista Pablo Méndez Vila, existen tres maneras en que se demuestra el amor: las actitudes, las palabras de amor y las decisiones certeras que ayuden al bienestar del niño o niña. 

El que ama confía, pero confiar no significa hacerse de la vista gorda, consentir, ceder; significa creer en la persona a pesar de que los hechos estén en su contra.

Implica ser paciente, saber esperar. Contrario a la confianza está descargar sobre nuestros/as hijos/as nuestro coraje e impaciencia y echar en cara sus torpezas, fallas y malas acciones, sin transmitirles la seguridad que tenemos de que pueden cambiar. Nunca deben decir "eres malo" sino "lo que hiciste" es una acción mala.

Fuente: Nuestroshijos.com.do

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