Educando


"No hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee"
Günter Grass

El castigo versus la disciplina

Castigo Infantil

Amar necesita disciplina, se debe disciplinar pero no castigar; el castigo dice al niño/a que se le rechaza por considerarlo malo o inadaptado.

La disciplina Infantil empieza desde que un/una niño/a tiene la capacidad de entender, es decir desde que nace.

El castigo le dice al hijo/a que se le rechaza por considerarlo/a malo/a o socialmente inadaptado. Pero la disciplina infantil le dice, que es amado por sus padres y que éstos hacen un esfuerzo por formarlo debidamente.

El castigo va contra el muchacho/a, mientras que la disciplina infantil va contra la acción.

El escarmiento es motivado por la venganza; la disciplina tiene como meta la corrección y la enseñanza. El castigo mayormente es fruto del coraje y la ira del momento; la disciplina infantil es fruto del amor.

Castigar a un infante es extremo y brutal; la disciplina es equilibrada y limitada. El castigo es injusto e inesperado. El amor  es justo y esperado. El maltrato es degradante y desmoralizador.

La disciplina infantil sustenta la dignidad y fortalece la autoestima. El castigo crea terror y provocas daños emocionales; la disciplina infantil conduce a un sano respeto por la autoridad. El castigo puede aplicarse arbitrariamente; la disciplina siempre se razona. 

"Vivimos en una época de extremismos. Con mucha frecuencia caemos en los extremos del castigo destructivo que marca para siempre al hijo/a, o nos vamos al extremo permisivo donde la criatura se cría sin ninguna regla y permitiéndole ser amo y señor de la casa.

Pero, sin duda alguna, existe el lugar intermedio donde hay balance y una crianza sana y robusta. Es en ese punto medio donde se encuentra el amor. “Tenemos que amar entrañable e incondicionalmente a nuestros/as hijos/as, pero igual debemos disciplinarlos, justo porque les amamos. Para amarlos debemos respetarlos, y no destruir su autoestima."

Por esto, es importantísimo que nosotros expresemos amor, dedicación y entrega incondicional a sus hijos/as. Pero, para esto, es imprescindible que podamos amarnos a sí mismos y dedicarnos tiempo.

Según el especialista Pablo Méndez Vila, existen tres maneras en que se demuestra el amor: las actitudes, las palabras de amor y las decisiones certeras que ayuden al bienestar del niño o niña. 

El que ama confía, pero confiar no significa hacerse de la vista gorda, consentir, ceder; significa creer en la persona a pesar de que los hechos estén en su contra.

Implica ser paciente, saber esperar. Contrario a la confianza está descargar sobre nuestros/as hijos/as nuestro coraje e impaciencia y echar en cara sus torpezas, fallas y malas acciones, sin transmitirles la seguridad que tenemos de que pueden cambiar. Nunca deben decir "eres malo" sino "lo que hiciste" es una acción mala.

Fuente: Nuestroshijos.com.do

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