Educando


"Educad a los niños. Educadlos en la tolerancia, en la solidaridad..."
Josefina Aldecoa

Razones por las que debemos mejorar la conducta de nuestros hijos/as

Niños con buena conducta

Como padres debemos asumir que, en cuando a la crianza de nuestros hijos/as, aún habiéndolo hecho todo bien, ellos/as, a veces, deciden tener una conducta inadecuada.

Hace unos años, trabajando con varios profesionales de escuelas infantiles sobre el tema "problemas de conducta", aprendí una de las grandes lecciones de mi carrera profesional. Hablando sobre diferentes procedimientos de tratamiento de graves problemas de conducta expuse cinco métodos de tratamiento positivo y tres procedimientos de castigo recopilados de la "Asociation of Behaviour Analysis" (Asociación de Análisis del Comportamiento).

Curiosamente, una semana después, los profesionales habían practicado con los procedimientos de castigo y con ninguno de los procedimientos lograron resultados positivos. ¿Por qué? Le pregunté a todo el equipo un poco alarmada por los efectos del uso de dichos procedimientos, que bien conozco.

Ellos me contestaron que era imprescindible cambiar dichas conductas y usaron los que pensaron que funcionarían más rápido. Desde aquel momento, siento mucho respeto a la hora de escribir sobre ciertos comportamientos y procedimientos que pueden ser usados. Con este escrito, quisiera responder a una familia que hace unos días nos preguntaba por los efectos a largo plazo de los problemas de conducta de sus hijos.

Antes de comenzar, siempre es bueno recordar que los padres que asumen la responsabilidad de las malas conductas y los errores de sus hijos/as, se preguntan continuamente: ¿qué he hecho mal?  Y no siempre lo hacemos todo mal, hay que asumir que aún habiéndolo hecho todo bien, nuestros hijos/as, a veces, deciden tener una conducta inadecuada. Pero si persisten o nos intimidan por las mismas y decidimos tirar la toalla, las consecuencias a largo plazo sí podrían terminar siendo devastadoras.

Nadie puede hacer pronósticos pues la vida depende de múltiples variables que influyen en nuestro aprendizaje. Lo cierto es que dejar para mañana lo que podemos enseñar hoy es restar oportunidades de que nuestros hijos/as aprendan.

Podemos dejarles al amparo de la propia naturaleza (de su propio ritmo vital), podemos dejarnos intimidar por sus gritos o excusas, pero también podemos crecer con ellos/as afrontando la realidad y luchando por mejorar.

No pasa nada porque los padres cometamos errores en la educación de nuestros hijos/as, somos personas, y nadie nos ha enseñado. Debemos ser conscientes de que tenemos problemas con nuestros hijos/as para poder comenzar a cambiar las conductas disfuncionales por conductas funcionales.

Seamos sinceros con ellos/as y con nosotros mismos, advirtiendo de las consecuencias y diciéndoles que estamos dispuestos a ayudarles. ¡Diciéndolo y haciéndolo!. Si no podemos hacerlo solos, busquemos la ayuda de profesores/as u otros profesionales, y trabajemos juntos con ellos/as, compartiendo las responsabilidades.

1º Reflexionar sobre la conducta inadecuada de nuestros hijos.

Partimos de una premisa fundamental “nuestros hijos no son malos, sólo han aprendido a comportarse inadecuadamente y nosotros no hemos contado con métodos adecuados para enseñarles” LeBlanc, J.M. 1996.

2º Planificar la mejora del comportamiento de mis hijos/as.

Para tener éxito lo más importante es planificar y está claro que la vida resulta mucho más sencilla cuando se tiene una idea de lo que va a suceder. La mayoría de los problemas de comportamiento pueden evitarse con la planificación y es ahí donde les podemos sacar ventajas a nuestros hijos/as porque poseemos experiencia de cómo hacerlo:

Pensemos las metas. ¿Tengo claro cómo me gustaría que fuese todo?. Para acertar en este punto hay que ser objetivo (las utopías sólo se dan en la ficción y los niños nunca pueden portarse bien el 100% del tiempo), realista (pienso en metas que son alcanzables para mis hijos y para mí) y funcional (una meta que contribuya a una mejoría de todos los miembros de la familia para crear un ambiente positivo en nuestro hogar).

Escribamos una lista de lo que queremos mejorar o eliminar. Es posible que queramos conseguir cambios que impliquen “ser felices” o “llevarse bien con sus hermanos” pero para hacer cambios importantes necesitamos ser más específicos: Qué significa que se lleven bien, ante qué personas o situaciones espera que ellos/as se comporten y de qué manera deben hacerlo bien.

3º Anticiparse

Cuando sabemos en qué sitios nuestros hijos/as son revoltosos y en qué momentos es más probable que se desencadenen los problemas, tenemos la clave de cómo prevenirlos. Anticiparse implica que antes de salir o estar en una situación de probable conflicto debemos:
• Explicar las normas antes (no después de los conflictos)

• Cada quince minutos, les recordamos cómo será la recompensa.

• Hagámosles partícipes en el plan que estamos siguiendo. Que sean ellos los que nos digan qué deben hacer y los incentivos que les gustaría conseguir.

4º Corregir a mi hijo en cuanto la conducta inadecuada aparece.

Hay veces que por muy previsores que seamos, las conductas inadecuadas aparecen por inercia, es decir, es la costumbre. Recuerde que los cambios se producirán poco a poco de manera que deberemos estar preparados para los momentos difíciles.
Debemos tener en cuenta que estas situaciones también son oportunidades para aprender, es decir, para aprender que con esos comportamientos no conseguirá nada. Para actuar con éxito:

• Estemos calmados, no permitiendo que la pataleta nos desespere. Eso les mostrará que estamos seguros de lo que hacemos.

• Cuidemos el modelo de corrección que le estamos dando. Si le pegamos por pegar, afianzaremos lo que queremos eliminar. Si castigamos por no colaborar, restaremos oportunidades de aprender como hacerlo mejor.

• Apliquemos las consecuencias que establecimos en nuestro plan.  Podemos ignorar llantos, gritos, siempre que no actúen contra otra persona, podemos sacarles físicamente a otro lugar (todo depende de cada niño y del análisis de su comportamientos que hicimos al principio).

• Por ejemplo:

a) Seamos inmediatos y persistentes, dejarlo para más tarde o pasarlo un día sí y otro no puede tener el peor de los efectos a largo plazo.

b) Quitemos del campo visual el motivo de disputa. Pasado un tiempo, iniciamos una nueva situación que no tenga nada que ver y comenzamos a recompensarle por su participación. No olvidemos que un niño/a que muestra una conducta inapropiada a menudo, puede tener falta de motivación para colaborar. Busque las motivaciones en otras facetas más productivas.

c) Recordarle que “él puede estar tranquilo” podría servirle de ayuda sobre cómo puede conseguir salir del conflicto. Pero cuidado, si le recordamos lo que hizo mal o utilizamos amenazas la conducta se podrá disparar de nuevo.

d) Jamás les abracemos o besemos en mitad o al final inmediato de un conflicto. Esta consecuencia puede confundirles con que el cariño siempre viene después de la pelea.

Por: Ester López Cárdenas
Familias, Centro Ann Sullivan, Granada España