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Joseph Joubert

El naufragio del Memphis

Naufragio del Memphis

El naufragio del acorazado norteamericano Memphis puso de manifiesto la nobleza de un pueblo dominicano que a pesar de ser maltratado tendió su mano generosa a los interventores.

El 29 de agosto de 1916 naufragó frente a la ciudad de Santo Domingo el acorazado de la armada norteamericana, "Memphis" ocupado por marinos de esa nación que llegaron al país en mayo de 1916, el día 16 de ese mismo mes tomaron a Santo Domingo, y a finales de julio los principales puestos militares del país estaban en sus manos.

Aproximadamente a las dos de la tarde de ese día el mar comenzó a dar síntomas anormales levantando oleadas que a medida que transcurrían las horas, se presentaban más y más furiosas.

A las 4 de esa misma tarde estaba reunida casi la totalidad de la población de la antigua ciudad de Santo Domingo en el Malecón fijando su atención en una lancha de vapor que partiendo del rió se dirigía con treinta marinos a bordo hacia el Memphis.

Un golpe de mar, más fuerte que los otros, echó a pique la lancha cayendo los 30 marinos al agua, pero el cañonero Castine anclado en la zona intentó salvarlos, se acerca y llega a lanzarles algunos salvavidas y cables, pero tuvo que abandonarlos a su suerte, y luego de algunas maniobras logra enfilar mar afuera y ponerse a salvo.  

Uno tras otro los marinos van pereciendo ahogados, solo cinco de ellos logran salir por la playa, algunos llegaron hasta las rocas pero allí perecieron.

En esos momentos algunos dominicanos, entre los que se encontraban Emeterio Sánchez, Prosper Marchena, Manuel María Dubreil (Lico) y otros tantos valientes, se lanzaron a las aguas y trataron de salvar algunos de los marines.

Ese mismo día y al siguiente, según reseña la prensa local algunos de los cadáveres de los marineros de la lancha volcada, aparecieron en las playas de Guibia y San Jerónimo sin cabeza ni extremidades.

Entre tanto, el Memphis quiso como el Castine defenderse del mar, pero como necesitaba por lo menos 10 de las 16 calderas que tenía, no pudo levantar suficiente presión, recibiendo todos los golpes del mar por un costado, para agravársele la situación, uno de los tubos principales de las calderas, hizo explosión hiriendo a varios de los maquinistas.

En esas condiciones, indefenso antes los embates del mar enfurecido fue acercándose hacia la costa empujado por el fuerte oleaje, hasta que levantado en vilo se estrelló en los arrecifes quedando encallado en los mismos, de tal manera que nunca más volvió a moverse.

Ya varado, se dio comienzo al salvamento de la tripulación y desembarque de los heridos por medio de cables y poleas, del mismo acorazado lanzaron cables de acero desde una de sus torres que fueron atrapados por dominicanos que se encontraban agolpados en los arrecifes y que afianzaron en tierra y por el que bajaron uno a uno los marinos.

Malecón Santo Domingo 1931

Este salvamento comenzó a las cinco de la tarde y terminó a las ocho y media de la noche a la luz de reflectores y grandes fogatas en tierra, siendo el capitán Beach el último en abandonar el buque.

Un acontecimiento excepcional y trágico que puso de manifiesto la nobleza y magnanimidad de un pueblo que, no obstante haber sido vejado y maltratado, poseído de un sentimiento de piedad, supo ponerse por encima de sus justificados rencores, para tender generosamente la mano al interventor.

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