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"Enseñar es aprender dos veces"
Joseph Joubert

Gestión de los Procesos de Evaluación en el Centro Educativo: Rol del Director

Evaluación de centro, rol del director

Al director del centro educativo, como líder de la organización, le corresponde el importante rol de guiar y controlar los procesos evaluativos.

Al hablar de gestión en el centro educativo se hace referencia al conjunto de procesos teórico-prácticos integrados horizontal y verticalmente, que se orientan al mejoramiento permanente de las prácticas educativas que allí se desarrollan (ILPE, s.f.).

Por otra parte, la evaluación educativa es el proceso de recopilar, organizar e interpretar informaciones obtenidas mediante diferentes técnicas e instrumentos, con la finalidad de valorar y emitir juicios sobre los aprendizajes de los alumnos/as y tomar decisiones que mejoren el proceso enseñanza aprendizaje (Rodríguez, 1998).

La gestión de la evaluación educativa, por tanto, se refiere a aquellas acciones que se llevan a cabo en el centro educativo para garantizar la aplicación de un proceso evaluativo pertinente.

Al director del centro educativo, como líder de la organización, le corresponde el importante rol de guiar y controlar los procesos evaluativos que se siguen en la institución. Aunque la evaluación incluye todo el proceso educativo, en el presente artículo se hará referencia solamente a la evaluación de los aprendizajes de los alumnos/a.

En tal sentido, será desde la dirección, donde se propicien líneas de comunicación-acción entre todos los actores de la comunidad educativa. Con esto se busca garantizar la aplicación de unas prácticas evaluativas que se ajusten a las características de los alumnos/as, a las corrientes teóricas vigentes, a los lineamientos de la Secretaría de Estado de Educación y a las directrices asumidas y concensuadas en los proyectos de centro y curricular de la institución.

Es conveniente partir de la premisa de que la evaluación educativa implica un acto de justicia, donde una mala práctica puede destruir vidas. De ahí la gran responsabilidad de aquellos a quienes les corresponde cumplir con tan importante tarea. Es el director quien tiene que asegurarse de que toda la comunidad educativa haya alcanzado tales niveles de conciencia, reconociendo que la evaluación es un proceso verdaderamente educativo, humano, científico y planificado.

Para lograr tal objetivo, un buen programa de capacitación que incluya cursos, talleres, charlas y entrevistas, dirigido a los maestros/as, a los padres y a los alumnos/as, podría servir de gran ayuda.

La evaluación de los aprendizajes de los alumnos/as debe ser planificada, pero no solamente como un elemento más en los planes anuales y de unidad que elaboran los docentes, sino a nivel institucional. El director, conjuntamente con los maestros/as, puede detectar necesidades relacionadas con la evaluación y trazar planes para ser aplicados durante el año escolar.

Además, en el calendario escolar de la institución, se debe poner en agenda los momentos importantes del proceso de evaluación. Esto es, establecer las fechas de los períodos de evaluación conforme a las ordenanzas que regulan el sistema de evaluación, el tiempo en que se aplicarán pruebas y otros instrumentos y técnicas de evaluación (evaluación del sistema educativo o de la organización o institución en general), así como las fechas de entrega de calificaciones a los padres, entre otras.

La supervisión permanente, como proceso de acompañamiento, es otra estrategia que los directores pueden aplicar, a fin de garantizar que la evaluación de los aprendizajes de los alumnos/as se esté llevando a cabo correctamente. Así, estarán en condiciones de tomar decisiones oportunas y prever problemas posteriores, actuando de acuerdo a los resultados obtenidos en la supervisión.

Vale recordar que entre las funciones de la evaluación se encuentran:

• Motivar a los alumnos/as e informarle a éstos y a sus familiares sobre su aprendizaje. • Obtener informaciones sobre los resultados del proceso enseñanza aprendizaje en general, para aplicar los correctivos que sean necesarios. Cualquier situación, por difícil que sea, si se detecta a tiempo tiene mayores posibilidades de que se resuelva o al menos disminuya.

En las instituciones educativas hace falta establecer la “cultura de rendir cuentas”. Los directores deben rendir cuentas a las universidades y a la sociedad en general, sobre las competencias con que egresan sus alumnos/as, los profesores/as deben rendir cuentas al director, a los alumnos/as y a las familias sobre lo que han aprendido o dejado de aprender sus estudiantes, y las familias también deben rendir cuentas sobre sus actuaciones en pos de contribuir con el desempeño académico de sus hijos/as.

Los alumnos/as, por su lado, también deben irse entrenando en el ejercicio de auto evaluación y rendir cuentas sobre su propio aprendizaje. En fin, la cultura de rendir cuentas debe sustituir la indolencia, la injusticia, la falta de compromiso, el culpar a otros y la irresponsabilidad con que, en ocasiones, se asume la evaluación en los centros educativos.

La evaluación de los aprendizajes de los alumnos/as, como ya se ha dicho, es un acto que implica una gran responsabilidad y el director del centro educativo es el garante para que este proceso sea realmente educativo, científico, ético, integral y participativo, en un clima de respeto a la dignidad humana.

La evaluación no debe ser aplicada únicamente para determinar quién promueve un grado y quién no, debe ser asumida como una oportunidad para mejorar la calidad de los servicios educativos que se ofrecen.

Colaboración de: Bernarda Acosta Jiménez
Directora Académica de Mi Colegio


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