El valor de la verdad

Se considera la ”verdad” como un valor ético, pues dá sentido al respeto ante los demás hombres, constituye uno de los pilares básicos sobre los que se asienta la conciencia moral de la comunidad y abarca todos los ámbitos de la vida humana

Otros de los valores que se asientan en este mes de octubre en el Calendario Escolar es el valor de la verdad.

La “verdad”, es definida semánticamente “como el momento en el cual una intención, un propósito, deben encontrar una verificación en la realidad”. Sin embargo cada sistema filosófico implica y encarna una determinada concepción de la verdad, es decir el modo de relacionarse cognocitivamente el hombre con la realidad.

La verdad es un valor vinculado a la honestidad que implica la actitud de mantener en todo momento la veracidad en las palabras y en las acciones.

La ventaja de la verdad es la integridad personal de quien la mantiene como hábito o costumbre en sus compromisos y obligaciones para la sociedad y el país. Lo contrario de la verdad es la mentira, el engaño y la hipocresía, que en la sociedad se da en todos los ámbitos y en las más altas instancias, y como dice el poeta Ralph Waldo Emerson: “Todo hombre es sincero a solas, en cuanto aparece una segunda persona empieza la hipocresía”, y Francisco de Quevedo nos dice: “La hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es gran virtud política”.

Dios es la suma y el fundamento de toda verdad, por eso Jesús dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”; por lo que la mayor recompensa de la verdad es ser libre de todo cargo de conciencia y de lo que la justicia lo condene, ya que la mentira condena y esclaviza a la persona sin conciencia; además, se coge más rápido a un mentiroso que a un ladrón, porque la mentira tiene patitas cortas.

Gracias a la verdad se vive tranquilo y sin preocupación de lo que se diga y no de lo que se calle, porque se cree fielmente en la realidad de los hechos y en lo que siente y no en lo que se imaginan los demás. La verdad está vinculada con los principios éticos que rigen la vida del hombre en la sociedad, por cuanto refleja el color del cristal en que se miren sus actos personales, profesionales, económicos y políticos, los mismos que no pueden estar divorciados con la fe en Dios y el amor al prójimo y la búsqueda de su beneficio.

La verdad y la justicia brillan con luz propia, y ocultarlo o negarlo es querer tapar el Sol con un dedo, ya que la mentira disfrazada o dicha muchas veces parece una verdad de los hechos y actos de una persona, pero no siempre se gana con la apariencia y el engaño; algunas veces es el riesgo que tienen que correr los que no actúan con la verdad, y pierden pan y pedazo, el que todo lo quiere todo lo pierde en cualquier momento.

De acuerdo con Russell (1973) (5), al intentar describir la naturaleza de la verdad hay 3 requisitos a los cuales toda teoría debe satisfacer.
1. Que admita lo opuesto: la falsedad. (Pues hay teorías que afirman que todos nuestros pensamientos deben ser verdaderos).
2. La verdad y la falsedad son propiedades de las creencias y de las afirmaciones.
3. La verdad o falsedad de la creencia depende siempre de algo que es exterior a la creencia misma aunque la verdad y la falsedad sean propiedades
que depende de la relación de  las creencias con otras cosas, no de ciertas cualidades internas de las creencias. La verdad consiste en una cierta forma de correspondencia entre la creencia y el hecho.

La verdad (veracidad) es sin duda, una de las exigencias éticas fundamentales de nuestra actitud vital. Ella constituye uno de los puntos más importantes de la convivencia humana. Nada tan destructivo para las relaciones interhumanas como la falta de sinceridad y la mutua desconfianza.
La veracidad es uno de los presupuestos fundamentales de la convivencia humana. En las relaciones con los demás tenemos derecho
a que sean sinceros con nosotros, tanto en el pensar, como en el hablar, como en el  obrar.
 

 

 

 

Fuente utilizada para este escrito:

www.eltelegrafo.com.ec

 

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