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Currículo Nivel Inicial

Portada
Indice
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capitulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
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2. CARACTERÍSTICAS DE LOS SUJETOS EDUCANDOS DEL NIVEL
2.1. CARACTERÍSTICAS EVOLUTIVAS DEL NIÑO Y LA NIÑA DEL NIVEL


Las potencialidades y capacidades de los niños y las niñas se desarrollan de manera progresiva. Existen importantes teorías que dan cuenta de esa progresión enfocando aspectos distintos. Podernos auxiliamos de esas teorías para orientar la experiencia educativa, teniendo en cuenta que se trata de caracterizaciones del desarrollo humano que precisan ser contrastadas con las características particulares de nuestros sujetos, niñas dominicanas y niños dominicanos de O a 6 años, y con las características culturales de las diferentes comunidades de nuestro país.

 

Entre las teorías que mayor influencia han tenido en la caracterización del desarrollo humano podemos citar la de Piaget sobre el desarrollo cognoscitivo y la de Freud sobre el desarrollo psico-afectivo del individuo. Esta última ha sido retomada por Erikson para las edades del Nivel Inicial. Estas teorías reconocen que el desarrollo humano tiene lugar por etapas, que las etapas no necesariamente son rígidas en cuanto a las edades que abarcan o en cuanto a todas y cada una de las características que las componen. Pero aún cuando los autores reconocen ciertos márgenes de flexibilidad, coinciden en señalar que lo que pasa en una etapa es cualitativamente diferente a lo que sucede en otra, y que para alcanzar las etapas últimas y más complejas es necesario agotar las anteriores.

 

Los investigadores del desarrollo humano mencionados, como otros, señalan que el niño y la niña del Nivel Inicial pueden alcanzar, gracias a las interacciones creativas con el medio y a la labor pedagógica, importantes logros en cuanto al desarrollo de su capacidad de conocer o “cognoscitiva”, de su capacidad de expresión o de utilización de diversos lenguajes, capacidad de desarrollo de su cuerpo o “físico-motriz” y su capacidad socio-emocional.

 

Este fraccionamiento del desarrollo humano en diferentes dimensiones es de carácter analítico y ha servido a los diferentes teóricos que lo han propuesto para aproximarse a un proceso que ocurre como un todo. Por ejemplo, en el llamado desarrollo físico-motriz hay movimientos de carácter expresivo que bien pueden ser asumidos como lenguaje y, en ambos casos, revelarse el desarrollo socio-emocional. En este documento se retoman esas divisiones respetando lo que ha sido el planteamiento de los autores, pero la experiencia educativa en el Nivel Inicial debe trabajarse de modo que se acerque a la integralidad del proceso.

 

A continuación se realiza una presentación sintética de estas diferentes dimensiones del desarrollo humano:

 

2.1.1. Desarrollo Cognoscitivo


Piaget fue uno de los investigadores más significativos por despertar el interés en el desarrollo cognoscitivo de los niños pequeños y las niñas pequeñas, o sea, en el desarrollo de la habilidad de entender, pensar y razonar. Según Piaget, los niños y las niñas de este Nivel atraviesan las siguientes etapas:
 
De O a 2 años
Denomina a esta etapa sensoriomotriz. En ella el desarrollo del niño y de la niña depende casi en su totalidad de las experiencias sensoriales, actividades motoras y movimientos corporales. En los primeros días, los infantes actúan sobre los objetos a partir de reflejos innatos, posteriormente comienzan a adaptarse al medio a través de experiencias nuevas.


EL progreso en esta etapa depende principalmente de los estímulos del ambiente y de las personas que inciden en el niño o la niña en interacción con sus necesidades y sus deseos de involucrarse en las experiencias. La experiencia educativa beneficiará a los niños y las niñas de esta etapa, ofertando un ambiente rico en cantidad y calidad de estímulos, así como una atención personalizada.

Los niños recién nacidos y las niñas recién nacidas se dan cuenta de la existencia de los objetos sólo cuando los están viendo o sintiendo. Hacia el final de esta etapa desarrollan la noción de la permanencia de los objetos, es decir, comprenden que siguen existiendo aunque no estén a la vista. También se inician en la capacidad de representar mentalmente objetos y acciones, con lo cual pueden imitar de un modo diferido (en ausencia del modelo) y utilizar símbolos, sentando las bases para el desarrollo progresivo de su lenguaje.

Otra manifestación importante del desarrollo cognoscitivo se refiere a la conformación de las nociones sobre espacio, tiempo y causalidad, en su manifestación práctica, que quiere decir perceptiva y motora, lo que permite la construcción posterior de los conceptos.
 
De 2 a 6 años
Piaget denomina a esta etapa preoperacional, porque considera que el pensamiento ya es cualitativamente diferente al de la etapa anterior, lo es también respecto del pensamiento de los niños y las niñas mayores y del de los adultos. La etapa preoperacional se caracteriza, para este autor, por la construcción de un pensamiento intuitivo o prelógico, también denominado simbólico o preconceptual. Este posee las siguientes características principales: el egocentrismo, la incapacidad de descentralizar, la irreversibilidad y el razonamiento transductivo. A continuación se explica en qué consiste cada una de esas características.


El egocentrismo consiste en que los niños y las niñas entienden una situación sólo desde su punto de vista, es decir, poniéndose ellos y ellas como centro de atención y de explicación de todo. Al principio de la etapa, esta característica tiene una presencia muy fuerte, que luego con las diferentes experiencias se va superando hasta que se construye el pensamiento lógico. La experiencia educativa ofrece al niño y a la niña de esta etapa amplias oportunidades, puesto que cada uno y cada una tiene que conciliar sus intereses con los y las demás y con los de los adultos y las adultas. El pensamiento centrado en los deseos del niño o de la niña se expresa de maneras diferentes, por ejemplo las siguientes:

 

Finalismo, que consiste en pensar que todo está hecho para un fin o según un plan establecido e inteligente. Por ejemplo, si un objeto rueda hacia una persona, el niño o la niña de esta etapa se preguntará si el objeto “sabía” que esa persona estaba allí.

 

El animismo, que consiste en concebir a todas las cosas como si estuvieran vivas, con “ánima” o alma, es decir, con intenciones. Por ejemplo, la lámpara que está prendida o la luna que ilumina, están “vivas”. Las nubes “saben” que avanzan para llevar la lluvia.

 

Artificialismo, que radica-en creer que todas las cosas han sido construidas por el ser humano o por una actividad divina, actuando según un patrón humano. Por ejemplo, las montañas “crecen” porque se han sembrado piedras “fabricadas” o los lagos han sido producto de excavaciones.


La incapacidad de descentralizar, o sea, de considerar más de un aspecto de una situación al mismo tiempo. A esto se llama centración. Esta centración en un aspecto sobre los demás impide al niño o a la niña de esta etapa compensar los efectos perceptivos, ¡levándole a elaborar inferencias muy particulares, como por ejemplo, pelearse por un vaso alto pero estrecho, porque tiene “más” refresco que uno bajito pero ancho.

 

Otros investigadores han demostrado que aunque los niños y las niñas de esta etapa verdaderamente se dejan influenciar muy fácilmente por las apariencias, en presencia de estímulos claros y en ausencia de estímulos confesos tienden a contestar correctamente, lo que da apoyo al beneficio que ofrecerían las experiencias educativas bien organizadas y sistematizadas.

 

La irreversibilidad, que es la imposibilidad de recorrer mentalmente un proceso para llegar al punto de partida del mismo, Esta característica le dificulta al niño o a la niña entender las transformaciones ocurridas en objetos y eventos. Por ejemplo, si tenemos dos filas de fichas, una roja y otra azul, con igual cantidad de elementos, el niño o la niña de esta etapa contestará que ambas son iguales si existe una correspondencia visual entre cada elemento de ambas filas. Si separamos ante sus ojos las fichas de la fila roja, de modo que se haga más larga, el niño o la niña dirá que hay “más fichas”, a pesar de que vi que no se añadía ninguna.

 

El “razonamiento” transductivo, entre comillas, que consiste en producir intermediaciones entre lo particular y lo general. No es propiamente un razonar, sino que el niño o la niña hace inferencias que no proceden ni de lo singular a lo general, como tampoco de lo general a lo singular; son intermediarias entre lo individual y lo general. Las “transducciones” serían inferencias que se producen de lo singular a lo singular y precederían a la inducción y la deducción. El niño y la niña aprenden a nombrar los objetos a su alrededor, pero hasta poder asociar, agrupar o clasificar sin error han de realizar muchas experiencias y reflexionar sobre ellas, como las que se llevan a cabo a partir de la acción educativa que se propone para el Nivel.

 

Como se aprecia, estas características de) pensamiento en esta etapa del desarrollo, lo revelan como muy diferenciado del pensamiento lógico de las etapas posteriores. De hecho, se han definido “por oposición” a las cualidades del razonamiento o pensamiento lógico, de manera que faltaría enfatizar cuán importante es este momento de la vida para que el desarrollo continúe hacia estadios posteriores.

 

El énfasis que se pone al describir las características de esta etapa preoperacional está en la capacidad imaginativa. El niño o la niña se imagina el mundo a su antojo, inventa su mundo, y por esta capacidad logra expresarse de muchas maneras, al tiempo que se va acomodando a las exigencias y situaciones de la sociedad.

 

2.1.2. Desarrollo de la Expresión o de Lenguajes

 

La etapa preoperacional es de suma importancia para el desarrollo de lenguajes, ya que el niño descubre la necesidad de comunicarse. De hecho, el pensamiento simbólico de esta etapa lleva al niño y a la niña a expresarse a través de gestos, del juego, del dibujo y de la palabra con la intención de comunicar. Esta comunicación descubre la interioridad de una persona hacia las otras, y en este intercambio crece el pensamiento a la vez que las relaciones sociales.


En esas formas diferentes de comunicación se hace la distinción entre los gestos, el juego y el dibujo, por una parte, y la palabra, por otra, en vista de que los primeros son lenguajes más personales, mientras que la palabra es un símbolo social. La palabra es una forma de simbolizar o representar la realidad construida socialmente, lo que posibilita una mayor comunicación. Por esta cualidad, la pa4bra puede ser asumida como “el lenguaje”, en singular.


Así, el lenguaje se desarrolla virtualmente en todos los niños y las niñas, exceptuando los severamente retardados y los que tienen daños cerebrales, bajo una gama de condiciones ambientales. Sin embargo, el ambiente, fundamentalmente las condiciones que involucra a interacciones entre personas, influye en el tipo de lenguaje que el niño o la niña adquiere y en qué tan bien lo adquiere. De ahí la importancia de que todo niño y niña tengan una experiencia educativa desde la más temprana edad, que garantice estas interacciones, tanto entre compañeros y compañeras como con los adultos y las adultas.


Las explicaciones acerca del desarrollo del lenguaje en el niño o la niña pueden variar radicalmente. Desde una asunción innatista como la que hace Chomsky, según la cual toda capacidad lingüística existe con anterioridad al nacimiento y se hereda; hasta una posición culturalista como la que presenta Vygotski, que asume que la sociedad impone al niño y a la niña sus modos y formas expresivas. Piaget se presenta como interaccionista, pues para explicar el surgimiento del lenguaje propone la existencia de capacidades internas, que se han ido construyendo a partir de reflejos innatos, y de la presión social.


Todas las formas de simbolizar o representar la realidad, el lenguaje (la palabra), los gestos, el juego y el dibujo, se desarrollan debido a toda la experiencia concreta que tuvo el niño o la niña en el período sensoriomotriz. Todo ese contacto real con el mundo es lo que posibilita que luego se pueda imaginar y representar.

 

De O a 2 años
A esta edad el niño y la niña descubren el sonido de su voz y disfrutan de jugar con éste y de utilizarlo en sus interacciones con otras personas. La segunda mitad del primer año es la etapa del balbuceo. El bebé es capaz de producir una gama de sonidos y modificar sus balbuceos en respuesta a los sonidos que oye. La mayoría de los niños y las niñas pueden decir algunas palabras alrededor de los 12 meses.


Sin embargo, el habla verdadera no surge, por lo general, hasta los 15 meses, cuando dominan unas cuantas palabras y cuando está por terminar la etapa sensoriomotriz para dar paso al pensamiento simbólico. Hasta entonces, usan una jerga expresiva, que suena como habla pero no se entiende. En cada etapa, el lenguaje receptivo (lo que pueden entender) está más avanzado que el lenguaje productivo (lo que pueden comunicar). Esto debe tenerse especialmente en cuenta para no dirigirse a ellos y ellas en su “media lengua”, pensando que no comprenden, sino en el lenguaje normal entre adultos o adultas, lo que, también, les va a estimular su desarrollo.


A partir de los 15 meses pueden usar una palabra significando una oración entera. El uso de esta palabra no necesariamente se corresponde con el uso que le dan los adultos o adultas: a veces el significado es más estrecho (subextensión) y a veces el significado es más amplio (superextensión), por ejemplo cuando llama a cualquier cosa redonda, pelota.


En promedio, el niño y la niña empiezan a combinar palabras a los 18 ó 20 meses. En esta etapa no pueden repetir o crear una oración más larga; dejan fuera terminaciones de verbos y palabras poco importantes; pero las palabras que dicen están en el orden apropiado. A esto se le ha llamado lenguaje telegráfico. También en esta etapa tienen problemas de pronunciación y sustituyen sonidos difíciles por otros que sí pueden pronunciar.


Como los niños y las niñas van construyendo su lenguaje no sólo por imitación sino por el despliegue de sus capacidades cognoscitivas, en la gramática de sus oraciones se advierte este proceso, sobre todo por los errores que cometen, como se verá más adelante.

 

De 2 a 6 años
Es en esta etapa cuando aparecen los errores gramaticales. Errores, como cuando dicen “cabió” en vez de cupo, o “cabo” en vez de quepo, se deben a que se han descifrado algunas de las reglas generales del idioma español, un logro impresionante considerando que existen muchas reglas y gran número de excepciones en nuestro idioma.


Si bien estos errores deben ser corregidos, es importante que con la corrección el niño y la niña sientan que el educador o la educadora aprecia el esfuerzo que realizan y comprende que son parte de su proceso de cambio.


Pero, además, pueden avanzar también en forma impresionante en el dominio del lenguaje. El niño o la niña de dos años puede haber desarrollado, gracias a un adecuado proceso de socialización y pedagógico, un vocabulario de alrededor 200 ó 300 palabras y habla básicamente en oraciones de dos o tres palabras. En contraste, el niño o la niña de 6 años puede llegar a dominar un vocabulario productivo de alrededor de 2,500 palabras y un vocabulario receptivo que puede ser de hasta 14,000. A esta edad ya el niño y la niña hablan usando oraciones complejas y “comprenden” la gramática de su lenguaje, que quiere decir que la utilizan, aunque de manera intuitiva.


No es fácil determinar si el concepto del niño o de la niña sobre una palabra es el mismo que el de un adulto o adulta. Esta diferencia entre palabra y concepto se debe a las inferencias egocéntricas a las que ya se hizo referencia y que se reflejan en su lenguaje.


A medida que el vocabulario del niño y de la niña aumenta, las subextensiones y las superextensiones se hacen menos frecuentes. Por ejemplo, es difícil que los niños y las niñas de (6) años acepten denominar planta a un árbol o a una persona, animal.


Tanto Piaget como Vygotski explican lo que denominaron como “lenguaje egocéntrico” y que ocurre cuando el niño o la niña se habla a sí mismo o misma, lo que resulta muy común en esta etapa. Vygotski fue más enfático en la importancia del lenguaje egocéntrico para regular el propio comportamiento. Según él le ayuda a enfocar su atención y a dirigir sus acciones. Por eso es aprovechable en la experiencia educativa. Por ejemplo, si un niño o una niña quiere dibujar, pero no encuentra papel o los lápices de colores que desea, su lenguaje egocéntrico se duplica en relación con una situación sin dificultades. El niño o la niña intenta entender y remediar la situación hablando consigo mismo o misma. El educador o la educadora que promueve una experiencia educativa de responsabilidad compartida con su grupo de niños y niñas da oportunidad a que se manifieste este tipo de lenguaje infantil.

 

2.1.3. Desarrollo Físico-Motriz
De O a 2 años
El niño o la niña de O a 2 años presenta un desarrollo motor que procede de un patrón céfalo-caudal, o sea que comienza de arriba y va progresado hacia abajo. De esta forma, gana el control de su cabeza antes de poder usar sus manos para agarrar un objeto; y puede usar sus manos para agarrar, antes que sus piernas para caminar.


Este desarrollo motor también sigue un patrón próximo-diotal, lo cual significa que el desarrollo procede desde el centro del cuerpo hacia afuera, o sea hacia las extremidades. El dominio de las piernas y brazos precede al dominio de los pies y las manos; el desarrollo progresa de los músculos gruesos a los músculos finos.

 

De 2 a 6 años
En este periodo el crecimiento es considerablemente más lento que antes. A los 2 1/2 años el niño y la niña han alcanzado más del 50% de su estatura adulta, pero sólo un 20% de su peso adulto. El crecimiento de su cerebro ha alcanzado más de un 75%. Proporcionalmente sus piernas son cortas, en comparación con las de los adultos o las adultas.


La mal nutrición afecta el crecimiento de los niños y las niñas. Los niños mal nutridos y las niñas mal nutridas tienden a ser más bajos y bajas y flacos y flacas que los bien alimentados y alimentadas.


También puede afectar el desarrollo intelectual y motor.
Los cambios físicos que ocurren en esta etapa permiten al niño y a la niña participar más activamente en la sociedad a la que pertenecen. Esta participación contribuye a su desarrollo social y cognoscitivo. Además la madurez fisica también les permite involucrarse en actividades vigorosas por períodos más largos. De ahí la importancia de la actividad fisica que se realiza en la experiencia educativa del Nivel Inicial.


Téngase presente que los avances significativos que ocurren en esta etapa dependen de la madurez del cerebro y de los sistemas corporales, así como de la práctica. Por práctica se entiende tanto la espontánea como la que resulta de la educación y, en particular, las tareas pedagógicas. Esos avances incluyen tanto a los músculos gruesos como a los músculos finos.
Las principales conquistas del desarrollo de las capacidades motoras son:


El establecimiento del control voluntario, ya que el niño o la niña de 2 a 6 años puede dirigir mejor sus movimientos.


• La precisión que posee en la percepción de tamaño, forma, posición y partes del cuerpo.
• La coordinación bilateral, es decir, de ambos lados de su cuerpo.


Cuando los niños y las niñas comienzan esta etapa pueden caminar y correr, aunque su paso es torpe. A medida que avanza este período el niño o la niña se vuelve más diestro o diestra en estas actividades y en otras semejantes, como saltar, trepar, reptar o rodar.


En esta etapa el niño y la niña también aprenden a manipular objetos con destreza. Las capacidades manuales adquiridas en este ciclo permiten al niño y a la niña un desempeño eficiente en los niveles subsiguientes.


Las diferencias individuales en el desarrollo motor son obvias en esta etapa. Los factores genéticos, la socialización familiar y la educación juegan un rol en estas diferencias, por lo que a pesar de que todos los niños y todas las niñas siguen algunas pautas o patrones de desarrollo similares, es importante evaluar el desarrollo motor individual.

 

2.1.4. Desarrollo Socio-Emocional

 

De O a 2 años
Los niños recién nacidos y las niñas recién nacidas no son muy sociables al principio, pero cuando cumplen 6 ó 7 semanas ya han empezado a hacer contacto visual y a sonreír con las personas. Desde aproximadamente las cuatro semanas responden de manera diferente frente a las personas ya los objetos. Disfrutan del afecto de las personas y les agrada sentir que las personas les corresponden.


Frecuentemente, los y las bebés lloran para producir una respuesta en los adultos y las adultas. La respuesta del adulto o la adulta (padre, madre o tutor o tutora), frente al llanto juega un papel importante en los niveles de confianza y seguridad que el niño o la niña desarrolla. Erikson explica cómo se desarrolla el sentimiento de confianza básica o el de impotencia aprendida, dependiendo de si el padre o la madre responden rápida y consistentemente al llanto, o de si, por el contrario, el bebé es ignorado o el bebé es ignorado completamente.


En el desarrollo socio-emocional de los niños y las niñas se manifiestan tanto diferencias de grupo como individuales. Algunas tendencias están presentes desde el momento en que nacen, pero los estilos de crianza y la educación son responsables de muchas de las características que más tarde se evidencian.


Desde muy pequeño o pequeña, el o la bebé se apega a alguien. Este apego, en principio, no es diferenciado; se manifiesta a varias personas que le son familiares o cercanas (apego indiscriminado). Alrededor de los 8 meses del nacimiento, aparece un apego específico a la madre o persona que le cuida (apego discriminado), manifestándose un sentimiento de miedo a los extraños que se expresa en llanto cuando alguien se acerca demasiado.


Las relaciones de apego están vinculadas a las experiencias previas de separaciones de la madre o persona que le cuida, que el niño o la niña haya tenido. La exposición moderada a este tipo de experiencias le resulta beneficiosa


Se sabe que la calidad de la interacción con la otra persona aumenta o disminuye la probabilidad de apegarse. Aunque la mayoría de los niños y las niñas a los 12 ó 13 meses han desarrollado apego a ambos padres, la intensidad del mismo está determinada por la presencia frecuente o esporádica de uno de ellos o de ambos.


Los niños y las niñas desarrollan mayor apego a sus madres que a las personas que los y las cuidan, aún en el caso de que asistan a los centros de cuidado infantil por períodos prolongados de tiempo. Esta observación es importante para infundir confianza a la madre en relación con la asistencia de sus hijos o hijas a estos centros.


La capacidad de formar apegos se va desarrollando con el crecimiento y las experiencias del niño o de la niña. Según Mary Ainsworth, existe una diferencia entre el apego seguro y el inseguro. El niño o la niña con un apego seguro juegan felizmente cuando la madre está presente y la recibe contento o contenta si se ausenta por períodos cortos. El niño o la niña con apego inseguro pueden reaccionar con un patrón de evasión o con un patrón de resistencia.


Como el apego es una relación entre dos personas, el bebé o la bebé puede estar seguramente apegado a una persona e inseguramente apegado a otra. La seguridad del apego también puede variar con el tiempo y se puede lograr a través de las actitudes de los educadores y las educadoras.


De 2 a 6 años
El niño o la niña desde que camina hasta los 2 1/2 años, aproximadamente, empieza a tener mayor movilidad ya alejarse de su madre más fácilmente. Según Erikson, la lucha por la autonomía es el principal tema de esta etapa. Autonomía vista como el proceso contrario a ese centrismo o indiferenciación del principio de sus relaciones con los otros y las otras.


Es en esa relación con los otros y las otras que el niño y la niña van desarrollando su responsabilidad para con los demás, tanto como la fortaleza de su yo; es decir, su individualización o personalidad. Por esto es que el desarrollo de las relaciones es un trabajo tanto interior como exterior, tal y como se observa en el desarrollo moral, que es otra forma de tratar el desarrollo socio-emocional, visto desde lo social. El desarrollo moral posibilita la formación de los valores, que luego aparecerán consignados en el perfil de los egresados y las egresadas que promueve el Nivel Inicial.


Según Piaget, las grandes etapas del desarrollo moral son indisociables del desarrollo de la inteligencia misma; es decir, que no se da el uno sin el otro. De ahí que la moral desarrollada sea el compromiso consciente y voluntario de cooperación en la acción, que ocurre a partir del momento en que el pensamiento lógico posibilita relaciones descentralizadas y flexibles. Se trata de la reciprocidad, que se consigue luego de “experienciar” el mundo dentro de una cultura determinada y en contraste con los intereses personales del principio.


En este intercambio entre la conciencia y las culturas el niño o la niña va construyendo sus identificaciones hasta desarrollar su identidad.


Las grandes etapas del desarrollo moral, según Piaget, son la de la heteronimia o de la responsabilidad objetiva y la de la interioridad o de la responsabilidad subjetiva.


Nótese que la etapa de la moral de la heteronimia o de la responsabilidad objetiva, se centra en principios basados en el respeto unilateral que produce la presión social. El “bien” se traducirá en obedecer al adulto y el “mal” es hacer lo que a uno le parece.


La etapa de la moral de la interioridad o de la responsabilidad subjetiva se centra en principios basados en el respeto mutuo que consigue la cooperación interindividual. El bien es el valor más allá del deber, de compromiso social, que se construye y se decide libremente en la relación con los otros.


Esta última etapa del desarrollo no se logra durante el período que cubre el Nivel Inicial, pero su presentación aquí ayuda a caracterizar la fase intermedia que si corresponde a este Nivel junto con la primera etapa.


Piaget identifica esta etapa intermedia como la moral del deber. Es un período de generalización de las reglas y consignas, donde la obediencia no está supeditada a las órdenes de los adultos, sino a la regla en sí, ya generalizada y aplicada de muchas maneras a variadas situaciones.


Ese deber puede obedecer sólo a presiones externas o también a la naturaleza de los niños y de las niñas. Lo más adecuado es que responda también a ésta última, para lo cual las presiones externas deberían estar orientadas en dirección a promover el bien. Esto es así porque tal como numerosos autores han destacado, los niños y las niñas de estas edades son bondadosos y bondadosas. Necesitan de libertad para expresar esa bondad y de reglas y normas para orientarla de acuerdo a las necesidades prácticas y costumbres de su comunidad. Si los niños y las niñas se sienten libres y pueden actuar en consecuencia, será más sencillo para los educadores y las educadoras conquistar el cumplimiento de reglas y normas; siempre que vayan en la dirección indicada.

 

2.2. CONDICIONES SOCIOCULTURALES EN LAS QUE SE DESENVUELVEN LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS DEL NIVEL INICIAL

 

Las características del contexto aquí presentadas explicitan las condiciones socioculturales en que se desarrollan el niño y la niña del Nivel. La importancia de exponer estas condiciones radica en la posibilidad de servir de punto de partida para la particularización de esa caracterización general del desarrollo de los niños y las niñas que antes hemos presentado. Estos rasgos socioculturales se presentan desde el contexto nacional; abordando de manera específica los elementos que inciden directamente en el niño o la niña del Nivel.


La población de República Dominicana actualmente asciende a 7, 169,490 habitantes. De esta población la cantidad de niños y niñas de O a 6 años se aproxima a 1,600, 000. La población infantil de la zona rural es de 812,729 y la de la de la zona urbana 570,577. Del total general de la población infantil, sólo el 12.7% participa de los servicios que ofrece el Nivel Inicial en sus diferentes modalidades, atendidos por ci sector gubernamental y no gubernamental. Estos datos indican la ausencia de políticas orientadas a la atención integral del niño y la niña de O a 6 años.


El contexto familiar y sociocultural en que se desarrollan el niño y la niña de este Nivel está marcado por las condiciones socioeconómicas del país. La desigualdad de oportunidades en la vida económica que provoca, entre otras cosas, estructuras familiares dispersas, poca formación de los padres y las madres y, fundamentalmente, un progresivo deterioro de la calidad de vida son manifestaciones de las condiciones tan limitadas en que vive la población dominicana, lo que reduce significativamente el desarrollo personal, social y educativo de los niños y las niñas del Nivel.


Expresiones de estas limitaciones en el desarrollo del niño o la niña son la desnutrición, insalubridad, hacinamiento, falta de oportunidad de ejercicios educativos y de esparcimiento, lo que incide de manera negativa en la calidad de la experiencia educativa.


Al niño o a la niña que vive en circunstancias extremadamente difíciles, se le dificulta no sólo el acceso, sino la participación real en los procesos de aprendizaje propios de su etapa de desarrollo. Afortunadamente, las limitaciones descritas coexisten con las múltiples potencialidades y capacidades que poseen los niños y las niñas que hacen de la experiencia educativa del Nivel una posibilidad y una absoluta necesidad para el caso de las mayorías pobres.


La posibilidad de desplegar sus potencialidades y capacidades en una experiencia educativa que contribuya a compensar las limitaciones producidas por las desigualdades socio-económicas es lo que da sentido a toda esta caracterización del desarrollo que se ha realizado, de manera que el tipo de educación resultante promueva esa disposición al juego, a la expresión espontánea, a la creatividad, la imaginación y la capacidad de observación y exploración que, entre otras, poseen los niños y las niñas.




 

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